No me importas. No te necesito en mi vida. No después de esto. Me da igual si en un tiempo vienes suplicando amor. No lo tendré para ti. Me he tenido que volver cruel e insensible para poder soportar el dolor que me hiciste pasar. Ahora, quiero volver a ser una persona. Quiero volver a ser feliz.
Antes, eras el amanecer de mi vida. Ahora, eres una noche sin luna. Puede que con el tiempo recupere mis sentimientos, pero no hacia ti. Tu los derrochaste todos.
Ahora, vivo en torno a dos soles de mediodía perpetuos. Ellas no se irán nunca de mi lado. No me harán lo que me has hecho tu. La luz siempre gana a la oscuridad, y ellas son demasiada luz para tu insignificante oscuridad.
Tengo más amor por ellas, que el triple del que he sentido por ti. Y eso es lo que importa.
Gracias a ellas he podido volver a amar y sentir sin tener que abrir la herida que dejaste. Ellas han sido lo único que me ha apreciado en el mundo. Tú fuiste la primera que me despreció. Y no lo olvidaré.
Cuando quieras volver y estés sola porque él te haya cambiado por otro envoltorio mejor que tú, suplicarás ayuda. Y no la tendré. Toda esa crueldad que me has obligado a sentir volverá en tu contra. No lo olvides nunca.
Esa crueldad es sólo tuya. En tus manos está hacer que se desvanezca. Pero ellas seguirán siendo lo más importante de mi vida. Tu no estarás en ella, nunca lo estarás. Tu presencia en ella ha sido devastadora.
Gracias a Dios, estaban ellas
No hay comentarios:
Publicar un comentario